UN DÍA DE FEBRERO
Tiene voz fuerte... manos inquietas, es raudo en su accionar. Le digo que es rápido cuando come, pero el no me escucha, no llega a sentir mi débil voz. Me comenta con anhelo de convencerme, que forme parte de su Grupo de Estudios (Contranatura), además, me habla de conflictos que pasa en su Clínica Jurídica, en la universidad y de sus preocupaciones personales, mientras yo lo escucho y espero ser preciso para aconsejarle y tratar de animarlo.
Abdón es su nombre y sus dos letras finales, describen el superlativo de alguien, en quien casi todo es ampuloso en cuerpo y espíritu. Mi rollizo amigo, por que de amigos es nuetro vinculo; tiene el cabello sedoso, bien peinado hacia un costado, es levemente alto, cuantitativamente muy grato en amistad y nobleza espiritual.
Cuando habla, parece que quisiera que el mundo lo escuche, su voz grávida, se despide cual parlante de mitin político, con frenesí habituado, ello no es un defecto, tomando en cuenta que Abdón es un joven inteligente y que cuando habla sus mensajes son ciertamente interesantes. Se viste como un escolar uniformado, algo gracioso en él; con camisa mora, calzado negro y pantalones de vestir azul marino. Mucho de él es curioso, entre otras cosas, me causa zozobra su fuerte voz y el constante parpadear de sus ojos mientras platicamos.
Es ineluctable divisar su presencia, cuando lo vi ese día (de muy lejos ciertamente), me acerque para cenar en su compañía, allende... en el comedor universitario, atiborrado de jóvenes comensales, que como Abdón y yo nos disponiamos a conversar, intencionados en que, con el ejercicio de la charla amistosa, el alimento sea mas provechoso y digno al cuerpo.
Es ineluctable divisar su presencia, cuando lo vi ese día (de muy lejos ciertamente), me acerque para cenar en su compañía, allende... en el comedor universitario, atiborrado de jóvenes comensales, que como Abdón y yo nos disponiamos a conversar, intencionados en que, con el ejercicio de la charla amistosa, el alimento sea mas provechoso y digno al cuerpo.
Dado un momento. ya había tratado mucho con Abdón, cuando y sin que él lo percibiera, empecé a ver tras las grandes ventanas el ambiente meritorio de contemplación. Y se que fui desleal al dejar hablando a mi amigo, pero me hacia presa de la fascinación de lo que había allí afuera.
Y note que dejaba de ser tarde, y como se tornaba de azul el cielo; calcule que en ese día, la tarde duraba menos y la noche parecía hurtarle momentos, invadiendo y avanzando, para confundir el sentido de la claridad con su azul precioso... noche memorable con hora tardía, no hubiese podido pronosticar que seria así... un bello momento devendría.
Y asi llegaba...
Apenas habían pasado las tres cuartas partes de un día de Febrero, sosegado intervalo de tiempo con techo azul colmado de estrellas. Y la maravilla acompañando el momento, cuando mientras mi amigo y yo conversábamos, nos interrumpió... casi con intransigencia, y mucha prisa... una mujer. Para que luego, ambos, ella y Abdón, empezaran a entablar una conversación de ciertas cosas de una Clínica Jurídica con airada preocupación.
Y mientras ellos hablaban quedaba atónito por aquella señorita con halo de belleza gitana, le sorteé diecinueve veranos y note sus grandes y bellos ojos furtivos bajo unas gafas oscurísimas que ocultaban la grandilocuencia.
Pequeña, pero con sus zapatitos de taco... elevada. Su cabello largo, matizado de castaño y negro, levemente ensortijado tentaban mi deseo de acariciarlo y sentir su perfume.
El dermo de sus mejillas rosas suaves con tonos pálidos que varían amelonados me hacían entrever una chica dulce y enternecedora.Su cuerpo congracia con su carácter someramente conocido, evidenciando firmeza y fuerza femenina fue capaz de despertar mi voluptuosidad reprimida. Su andar o en realidad, el singular modo en que lo hace, me emociona, altiva y seductora, mi espíritu se eleva tanto de admiración cuando había de verla de rumbo en su sendero insospechado.
Verla por primera vez y de tal manera, me encajono intensamente en soliloquios que los hombres guardamos, cuando de primer impacto nos seduce la beldad de una mujer. El momento fue corto... pasajero; pero, en mi memoria sería eterno, diría yo, imborrable.
No se despidió de mí, ni siquiera conseguí su saludo. Abdón me la presento cuando ella ya se marchaba. Y mientras lo hacia... Verla irse, cruzando el umbral del lugar; cada paso de su andar, fue la afable cuenta regresiva para que desde entonces, no dejara de pensar en ella.
Un arrebato del corazón, auténtica lascividad con la fascinación de su belleza. Abdón me hablo de ella, me dijo cosas que me sorprendieron, al final le dije que si la volvía a ver le dijera de mi parte que la admiraba, cuando en realidad aquella bella tarde de febrero yo ya empezaba a amarla...
La chica mas linda del mundo se llama Kaly.
Desde entonces espero y sueño estar con ella.