miércoles, 2 de diciembre de 2009

CARTA PARA LUIS, MI HERMANO

Abraham Follano
Arequipa 2008, noviembre 08.


"El redondo amarillo", sí, asi lo nombrabamos, esta allá, radiante y solitario, rodeado del celeste pleno de un cielo olvidado de nubes, arriba, muy arriba... ¡inalcanzable ambar primaveral de noviembre! desmoralizando la sombra hasta  extinguirla por un breve instante que basta y sobra para regocijar en el cansancio apacible a los seres animados, como los perros, que en su abatimiento se entregan al sueño imbatible, ésta es: la hora de "la siesta del perro."

Aqui, en este patio que fue nuestro, contemplo con la envidia del civilizado, a nuestros cuatro fieles guardianes; tres inofensivos pero bullangueros yacen rociados por el suelo empedrado y el otro boxer peligroso, "Pipulo", en la azotea de espaldas, con las patas dobladas y al cielo, ése mismo que te llena de pavoroso miedo cuando llegas a casa del Cusco, y vuelves a llenar este ambito de risas y felicidad.

Todo, de sólito modo, me recuerda a ti, muy cerca al grifo, crece una planta silvestre de huatacay, lo mismo que los geranios floridos, la ruda y la añeja sábila, todas despiden aromas agradables que producen en mi un ineluctable efecto recordatorio que me transportan a nuestra niñez, son los heraldos de la nostalgía, el limbo de la vida misma ¿lo recuerdas, tú, así?

Aquella fue una etapa maravillosa de nuestras vidas; evocarla, una forma concreta de felicidad y escribirla, una intención grata de no olvidarla.

Quise contartela hoy, sí, a esta hora solaz, casi a una tarde de celebrar un aniversario más de tu agradable existencia.

Es un deber confesarte, me suele suceder, casi como un hábito perverso, como una oferta de la probabilidad: que las intenciones de ésta carta puedan extraviarse, en estos enmarañados y deshilvanados trozos de historia compartida, quizás, el deseo de alegrarte consiga una tristeza; tal vez la trayectoria de una sonrisa devenga en lágrimas, disculpa mi torpeza que tu bien conoces. Me consuela intuir, como siempre, que serás comprensivo.

Es preciso tambien anunciarte que aludire algunos sucesos que me son necesarios describir con el proposito de vivir en paz conmigo mísmo y reconciliar nuestro pasado; tengo la esperanza acumulada en todos estos años, de poder resolver nuestro vinculo. Sólo te prometo sinceridad.

Con la afable cuenta de saberte como mi hermano,  predisponiendo el espiritu a no perder el horizonte del recurso sutil, ecribo esta carta, con la esperanza de que llegará, sí, llegará... feliz, allende, a los linderos y adentros de tu robusto y gran corazón...

Continuará.   


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