JUAN Y TEÓFILA
CARCAUSTO HUMPIRE TALEGA
(fanático de Contranatura)
Recuerdo que mi madre (Teófila se llama, y no es broma), oriunda de Azángaro, cuando tenía sus veinte años, siempre se decía a sí misma que ella se iría del campo y que se casaría con un arequipeño de la ciudad. No quería correr la suerte que corrían sus amigas, que se embarazaban con el primer azangarino que veían. Digamos que mi mamá tenía “las ganas de salir adelante”.
Y en efecto, se vino para Arequipa, o mejor dicho, se escapó; trabajó de empleada en varias casas para hacerse un espacio en la urbe y darse tiempito para encontrar y cortejar a un arequipeño cualquiera. Tuvo que soportar mil y un humillaciones para sobrevivir en la urbe. Y sucedió lo que tanto esperaba, que en una de las tantas fiestas folclóricas a las que concurría en búsqueda de su inca azul, conoció a un tipo bajito, agarradito, chapetón y buena gente. Le pareció más o menos simpático, un tanto arisco y de modales toscos, pero un arequipeño al fin y al cabo. Pues mi madre, ni tonta ni perezosa, empezó a metérsele por los ojos; se acicalaba la blanca blusa, se ajustaba las polleras, dejaba caer sus largas y bonitas trenzas y le sacaba a bailar.
Todo un mozuelo de 19 años, mi padre (que carga el nombre simplón de Juan), que en ese entonces no tenía ningún interés en mi madre porque a él le gustaba otra chica de la fiesta, una tal Dominga, y además porque no la veía muy apetitosa que digamos, no le daba bola. Al parecer, la tal Dominga, que le llevaba cerca de siete años a mi padre, le consideraba un mocoso engreído y no quería nada con él. El despecho de mi padre y algunos vasos de cerveza bebidos hicieron posible que éste vea a mi mamá un poquito más guapa. Mi mamá, después de todo, terminó feliz con el tipo bajito, agarradito, chapetón y buena gente.
Aquella noche, de tanto insinuarse mi mami (no olviden que se hizo unas trenzas preciosas para gustarle a mi papi), los dos dieron rienda suelta a sus bajos (y altos) instintos y, sin comerlo ni beberlo, me fabricaron a mí (sin mucho cuidado por cierto). Pero he aquí que luego de saberse embarazada mi mamá, mi padre, ya con más confianza y un tanto resignado, le tuvo que contar a mi mami, que era nada más y nada menos que paisano suyo, que al igual que ella se había venido a Arequipa para conseguir un mejor futuro, y por ahí, una arequipeña blanconcita. Plop, los dos eran nada menos que vecinos de Puno, mi madre azangarina, y lo que es peor, mi padre huancaneño (del departamento de Huancané), nada más alejado de lo que es un arequipeño de verdad. Qué cosas no.
1 comentarios:
interezante narracion... pero creo q cada persona fuese de donde fuese... tiene lo lo suyo, el encanto y aquel universo inmeso dentro de el.
1 de enero de 2010 a las 18:38cada quien es especial y es lo que uno quiere ser y naa mas eso es el todo y la nada de cada ser
atte Slog@n =)
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