SOBRE EL AMOR RUBENNIZADO Y EL HUMANO
Roger Alfonsin Vilca Apaza
Miembro de Contranatura
Miembro de Contranatura
Rubén ha irrumpido en el periódico mural de Contranatura con lo primero que se le vino a la cabeza, perdón, con lo primero que se le vino al cora-zón, el amor. Y mi escrito, lacónicamente titulado Amor y enamoramiento (y tan torpemente escrito) no ha encontrado mejor destino que sufrir un puñetazo en los genitales. Y, hay que decirlo, Rubén es bueno para esos vapuleos. Y claro, cómo iba a aguantar mi artículo semejante ataque si tan solo se proponía ser una suave mariconada, cuando no algo con qué llenar el periódico mural, cuyo rating aprovecho hoy. En fin, a mi artículo no le quedó otra que ofrecer la otra mejilla. Pero ya que estamos jugando a escribirnos y atacarnos subrepticiamente, cual guerrilleros que tiran la bomba y mueven su base de operaciones, contesto. Contesto que primero nos pongamos de acuerdo sobre las reglas del batalleo. Rubén, hermano, una cosa es aglutinar esfuerzos por entender este sentimiento descomunalmente esquivo (que yo obviamente no he podido hacer) y otra, muy distinta, lo que tú has hecho; echarse al abandono, soltarse la lengua diciendo todo lo que a uno le venga en gana sobre lo que en esos momentos siente que es el amor. Que se te haya subido el corazón a la cabeza no es culpa mía.
Lo que ahora me propongo no es hablar de lo que yo, Roger, siento que es el amor, aunque seguramente no lo podré evitar. Lo que quiero, lejos de lograrlo o no, es empezar a comprender este sentimiento, contando, para ello, con los ademanes sicológicos que hacen prosperar las personas cuando dicen que aman. Y por supuesto que las subjetividades están a la orden del día, pero cuando de teo-rizar se trata hay que saber cuándo conviene desbocarse subjetivamente y cuándo no. Talvez con esto último, Rubén, afines la puntería. Empecemos pues.
Cada que las gentes se proponen hablar de amor empiezan –y terminan– hablando de amores. O lo que es la misma vaina, de conquistas, de enamoramientos, de pro-cesos de seducción. Es una de las más grandes perversiones de nuestra percep-ción, de nuestra moral (y por ello dirás que lamentable), confundir al amor con su patología, con su faceta vulgar (palabra que gustas usar), el enamoramiento. Uno puede aceptar que el amor sea confundido con sentimientos más o menos afines como por ejemplo la lealtad y el cariño, porque al fin y al rabo son sentimientos activos –y desde luego sanos– dado que nacen en almas veraces y viceversa. Pero de ahí a llamar amor al enamoramiento creo que no solo hay grueso error, sino, más peligrosamente, embaucamiento.
Pongamos sobre la mesa (¡sobre el periódico!) la siguiente tosquedad: no hay per-sona en el mundo que no crea que almacena en la caja fuerte de su corazón por lo menos una experiencia erótica. Todas las gentes se creen con el derecho a hablar de amor esgrimiendo la simpleza de que todos los hombres, en mayor o menor medida –y sin más trámite que el gusto y los arrebatos por ser humano cualquiera– tenemos un repertorio de amores, que el amor con ser una cosa tan natural la conocemos –o llegamos a conocer– todos en algún segmento de la vida y en diver-sos niveles de intensidad y calidad. Pero no avergonzados lo suficiente por este desbarro, dicen más. Dicen, por ejemplo, que el amor al tener que ver con las cosas más íntimas del ser humano es un sentimiento nada menos que inescrutable, de modo que el amor vendría a ser cosa imposible de nombrar y explicar. Así, se hablará de amor en cada caso y cada amor valdrá lo suyo y nadie tendrá derecho a juzgar si tal o cual sentimiento que se tiene por amor es efectivamente amor. Esta serie de “cautelas” azuzan mi atención porque me dicen que si hay mucha preocupación por el hecho de que exista alguien que pueda descubrir dónde hay amor y dónde no lo hay pueda ser también motivo para calatear el “perfil psicológico” de los hombres (y de las mujeres, faltaba más).
Si aceptásemos como verdadera esta idea de la mayoría, según la cual el conoci-miento del amor es imposible a la visión atenta, de modo que el que quiera expli-carla cae irremediablemente en subjetividades, caeríamos en el conformismo de encoger los hombros y seguir hablando del amor según lo que a cada quién le pa-rezca. Llegaríamos al punto de abandonar al amor como tema de discusión. No quiero decir que el amor tenga sus leyes que hay que descubrir cual galileos ro-mánticos, pero creo (discúlpame por creer), pero creo, repito, que hay que empe-zar tamaña jornada, porque, de lo contrario, el amor seguirá siendo el tema de conversación más aburrido de nuestras tertulias. Ya no estamos para repetir frases tan gastadas como esa que dice que el amor es muy subjetivo, que cada quien ama a su manera y como quiere. De lo que se trata es de plantear una nueva lógica, de estudiar el haz de conductas de las personas que se entregan sentimentalmente a otro ser (¿podemos incluir aquí a cualquier animal aparte del hombre?). Que una persona tenga ganas irremediables de hacerle el amor a una gallina puede llamar la atención, pero debe ser una ocasión para estudiar el amor, como se estudia sen-timientos tan peliagudos como el resentimiento, el odio, la venganza, etc. Y esto nada tiene que ver con el hecho de hacer un manual de cómo amar. Pero digá-moslo de una buena vez: el encamotamiento es un estado inferior del espíritu, una especie de achicamiento mental. He aquí algunas razones…
(Espero que esto continúe…, todo depende de Rubén, vapuleador por excelencia y vocero del marxismo a tiempo completo.)
6 comentarios:
Creo que me esperaría un ir y venir de post entre ese tipo llamado Rubén y cualquier otro que toque un tema que lo apasiona, o que "domina".
18 de agosto de 2009 a las 20:19Pero mira qué sorpresa entrar a conocer Contranatura con la arremetida de dos bloggers contra el amor (lo de arremetida, todavía es discutible, le diría quizás declaración)
jajaja
El amor. Indescriptible en muchos términos, pero no me sumaré a sus grandiosos títulos de enamoramiento, amor diosificado y amor rubenizado. (Por cierto, increíble la forma en que captaron mi atención!! buena chicos!)Porque lo que quiero es dejar en claro algo: sí Roger, el amor es MÁS que placer (ojo que no por ello el amor excluye al placer)
Y por cierto, extrañar infinitamente a alguien no es amar en tanto un día extrañes a una y luego a otra, y te sientas embargado de deseo hoy pero mañana ante una negativa voltees la cara y busques otra presa. CREOOOO NO??? (sin alusiones ah, sólo para que algunos bloggers no se la den de vapuleadores) jajaja
Pero bah, es un comentario sano y debo admitir que también me gusta pensar que existen amores a lo Sabina.
Interesantísima mi primera visita por sus letras, espero leer los contra-ataques ;)
María del Carmen
Estos tipos si que se agarranm a golpes, pero lokazoooooo. Al parecer al tal RBEN (RUBENNIZADO JAJAJAJAJ) LE QUEDA BIEN LOS DEL AMOR, SEGURAMENTE TIENE FLACA PS. Y EL TAL ROYER CHEVERE SU FLORO, PERO DEBE TAR HABLANDO DE BRONCA HABER SI SE LIGA UNA PARA QUE DEJE DE TEORIZAR ALGO tan irracional como el amor... BUENA JAJAJAJA
19 de agosto de 2009 a las 7:26si, no se puede intentar comprender el amor desde un escritorio, creo que roger se equivoca cuando cree que el amor es igual que otros sentiemientos el amor, el odio, la venganza tambien dijo, no son iguales. el amor es poesia, dulce poesia. no se le puede poner condiciones como dice ruben, comienza sin pedir permiso. y al final enamoramiento o amor no importa, lo importante es sentirlo apasionadamente y no quedarse pensando en si es amor o enamoramiento.
19 de agosto de 2009 a las 7:37frank
Quizá comience en la poesía de Bécquer, en las historias de amores tan profundos, lejanos y perdidos, esas historias que me acompañaron toda la vida. Quizá comience en algún poema tuyo o mío, tal vez en una historia que tu recuerdo aún no ha borrado y que ahora yo la tengo en la mía. O quizá en alguna canción que grita un nombre en la soledad, esa canción que ahora yo la canto con alegría, letras, entonaciones y notas que me hicieron sentir cosas tan profundas, a veces melancólicas, pero al fin humanas. Cómo podría contemplar en cielo y la luna sin haber conocido antes el amor, que me eleva hasta el más infinito astro para luego regresar y ya no temer más al levantar la mirada y no encontrar nada?, es ahora que comprendo el infinito. Quizá, de verdad empiece en mi corazón, en mi cabeza o en mi mirada, ahí dentro mío donde ahora guardo otro corazón que sin habérselo pedido me hace ahora compañía.
24 de agosto de 2009 a las 21:13Tengo un amor que sobrepasa a las novelas e historias aburridas, es mi amor, esa pequeña emoción sostenida que cuidé con tanto cariño, una flor y alguna canción que cantaba en voz baja.
Calisto
por lo demás sería bueno que el debaate no acabe, no veo mas articulos sobre este tema
22 de noviembre de 2009 a las 18:40yo tambien creoo que el amor deberia estudiarse como se estudian otros sentimientos, se ensalsa mucho el amor y por eso todos le tienen miedo, hay que estudiar y dejar de repetir lugares comunes.
22 de noviembre de 2009 a las 18:40Frank
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